¿Creen que el amor lo pueda todo, engaños, triciones...puede el amor contra todo eso?
Creo que no...que un gran amor dura lo que un parpadeo...así que pensando en ésto espero que un amor se cruce en mi camino y sea enterno mientras dure.





- ¡ya casi termino!- Juan no quitaba las manos del teclado. Sus dedos se movían tan rápido que apenas se los podía ver, pero nada importaba, las muñecas casi no las sentía, pero no podía detenerse. Las ideas fluían sin césar en su mente y la felicidad y la certeza de estar terminando (según él) la mejor novela que jamás se haya leído, eran más fuertes que cualquier dolor.
- Juan, por favor no podes seguir sentado frente a esa máquina día y noche. No quiero que te enfermes.-la joven rodeaba el cuello del muchacho con sus brazos, mientras le daba un beso en la mejilla.
- No te preocupes.- sacaba una hoja de la impresora y la colocaba encima de un montoncito de hojas idénticas a ésta última. Las acomodaba para que todas quedaran el la misma posición, las golpeo sobre la mesa y luego las puso en una carpeta apretándolas con un broche, quedando así todas prolijamente encuadernadas.
- Quiero que seas la primera en leerla. – su mano derecha alcanzaba la carpeta a la joven y en su rostro se veía la sonrisa más grande que jamás alguien haya podido expresar. La muchacha también sonrió, tomo la carpeta y se dejo caer sobre una de las camas que había en la pequeña habitación.
- Este sí es realmente bueno.- continuaba diciendo mientras observaba la reacción de su hermana, que leía muy atentamente y en silencio el tesoro que le acababa de entregar.
- Todas tus novelas han sido buenas.-respondió, por fin. Pero sin quitar los ojos de las hojas.
- Si claro; por eso solo logré que me publicaran una novela de las muchas que ya llevo escritas. Podré pagar el alquiler si junto todo el papel que he gastado y lo vendo.
- Todos los escritores buenos han luchado mucho antes de darse a conocer y de ser realmente valorados.
- Si; pero no todos ellos eran mantenidos por su hermana menor.- esta frase si logro que la joven quitara la vista de su lectura.
- Por favor Juan no hables así. Yo no te mantengo, te ayudo y te cuido como vos me cuidas a mí.
Juan se puso de pie bruscamente con sus manos en la cabeza y sin mirar a su hermana, que no veía el rostro sin sonrisa de su hermano.
- soy el mayor, se supone que soy quien debe cuidarte y velar por vos en todo.
- Pero si me cuidas. ¡¿Qué decís!?
- Si fuera así no tendrías que trabajar de mesera en ese bar de quinta.
- Pero me cuidas…- la voz femenina era dulce y serena mientras se acercaba a su hermano y acariciaba suavemente su rostro.
- Solo tenes dieciséis años.- la voz del muchacho salio de él como en un suspiro. Como si todo su oxigeno se fuera en esa frase.
- Me gusta mi trabajo, todos son muy buenos conmigo. Y el que vos tengas veintiséis años, no significa que no te pueda cuidar. Y al decir esto regreso a su lectura.
- Y cuando seas un escritor famoso y bien pagado- reclamaba elevando la voz en su última frase- por supuesto que ya no trabajaré mas. Al menos no como mesera.- continuó leyendo y Juan solo opto por sentarse junto a ella.
- Te juro que si éste no funciona abandono esta estupidez de escribir y me busco un trabajo de verdad.- acariciaba el rojo cabello de su hermana menor. Aunque de menos edad no lo era en mentalidad, carácter y actitud.
- Si papá estuviera con nosotros, te apoyaría en lograr lo que deseas.
- Si, pero no esta. Estamos solos. Y en realidad ya no me importa tanto. Mientras que estés junto a mi soy feliz solo quisiera darte todo lo que te mereces. – nuevamente la muchacha consolaba a su hermano, acariciándole el rostro.
- Es muy bueno. me gusta mucho. El titulo le va muy bien…” Ángel soñador”. Realmente ésta novela es nuestro “ángel”.
la sonrisa regreso al rostro del joven.
- ¡verdad que si! Éste si es realmente bueno.- su hermana le devolvía la carpeta que rápidamente él se encargo de poner en un gran sobre de color madera.
- Mañana mismo se lo envío a Daniel Meier. Ha recibido mis otras novelas y siempre me ha dado buenos consejos de cómo mejorar. Estoy seguro que también me ayudara con éste.
- No creo que debas darle tu trabajo a cualquiera. Se hacia una cola en el cabello mientras se miraba en el espejo, acomodándose el uniforme de mesera.
- No se lo entrego a cualquiera. Daniel es un escritor exitoso, y respetado lo admiro mucho, además me dijo bien claro que podía seguir mandándole mi trabajo- bueno como quieras. Me voy a trabajar. Beso en la mejilla a su hermano y salio de la habitación.




- señor otra novela de ese joven- la mujer que llevaba el sobre en su mano lo miro buscando leer rápidamente el nombre.- ha si – dijo por fin.- Juan Dimas.- sin mayor interés, lo dejo sobre el escritorio. Ya que a quien estaba dirigido ni lo miro y continúo hablando por teléfono.
- Carmen… no Carmen, ya hablamos de eso tenes que seguir el tratamiento, como el médico te lo dijo.- del otro lado de la línea la mujer no dejaba de quejarse. De lo duro que le resultaba seguir las indicaciones del medico.
- Bueno; ¿qué esperabas? Es un hijo lo que queremos tener… no un auto nuevo.- por fin agotado y casi seguro que su esposa haría lo más fácil para ella, colgó el tubo del teléfono. Respiro hondo y distraído; mas para relajarse que por interés tomo en sus manos el sobre que le acababan de dejar. Lo abrió y comenzó a leer.
- Juan Dimas,- dijo después de un rato de lectura.- ¿Cuándo te vas a dar por vencido?







- no recibiste contestación.
- No; aún no. Pero lo que mas me llama la atención es que no me enviara de vuelta mi novela. Nunca ha tardado tanto en regresármelas.- el muchacho no podía esconder su incertidumbre y duda.
- Me parece normal, éste hombre es muy importante, trabaja en una importante editorial, ha escrito varios libros, es claro que debe estar muy ocupado. Ya vas a saber de él. Después de todo solo paso un mes.
- Si pero, no sé… esa novela es muy importante para mi. – Juan no dejaba de caminar de un lado al otro en la pequeña habitación.
- Bueno no te preocupes, todo saldrá bien, seguro es tan buena que se la esta mostrando a alguien para que te la publique. Viste como son esas cosas. La lee uno luego otro.
- Si claro pero y si no me lo publican...
- Esta vez si lo harán, te dejo me voy a trabajar.
- Pero todavía es temprano.
- Voy temprano para hacer algunas horas extras.- se colocaba una campera, tomaba sus llaves, no miraba a su hermano sabía lo que diría.
- Lo siento mucho Sofía.- los abrazos del hermano mayor cubrieron el joven y delgado cuerpo, de la muchacha. Que solo se acomodo en el pecho de Juan, apoyo su oído escucho los latidos de su hermano. Le encantaba oír ese sonido desde niña, bastaba que ella apoyara la cabeza en el pecho de su hermano, para sentirse segura, protegida, feliz. Y ahora no se sentía diferente a cuando solo tena cinco años. Es que ese era su lugar en el mundo. En el cálido y dulce abrazo protector de su hermano mayor.
- No seas tonto, ya saldrá todo bien, serás rico e importante y no te vas a deshacer de mí. – lo beso, acomodo su cabello y cerró la puerta tras ella.
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