Hace poco pregunté, si era mejor no sentir a sentir demasiado dolor. Me respondieron (con gran sabiduría creo yo) “que prefería el dolor ya que no se imaginaba viviendo vacío de emociones y que del sufrimiento también se aprende” Estoy de acuerdo con dicha respuesta… pero aún así la mayoría de mis días desearía no sentir y no recordar.
¿Les ha pasado?
como suelen decir, ésta vida es solo una disfrútenla ...
Como siempre gente linda…gracias por coincidir…Marisol A.





La lluvia caía sobre la ciudad nuevamente.
Parecía un día como tantos, como cualquier otro.
Llevaba sus manos dentro de los bolsillos de la chaqueta de verano que llevaba puesta. Hacia calor, así que no era problema mojarse un poco con esa suave lluvia. Por el contrario era refrescante, relajante en realidad.
De a ratos cerraba sus ojos y levantaba su cara al cielo buscando que le cayera más de esas bellas gotas sobre su rostro.
Casi anochecía. Pero sus pasos no se daban prisa. No lo tenía. Nadie la esperaba como siempre. Una vez, si lo hicieron. Una vez hubo luz al llegar a su casa. Pero ya no. Ese era un cuento que no había tenido final feliz. Cruzó la calle. No venían autos, claro a esa hora no los había mucho. Y los pocos que aún circulaban no lo hacían a mucha prisa. Por miedo quizá. ¡Miedo!
¡Que palabra! Y pareció que su mirada se quedaba en el tiempo. O retrocedía a uno que la complacía más en realidad. Un tiempo en el que su sonrisa no era fingida. En donde aunque lloviera había sol en sus veranos y calidez en sus inviernos.
Se sonrió.
Recodo que tiempo después sintió que amarlo tanto había sido el peor de los castigos. En realidad aún lo creía.
Lo amaba tanto. Cielos. ¿Cómo definir lo que sentía en verdad?
Jamás había creído en finales felices, corrió para que un coche que pasaba no la salpicara con agua sucia de la calle. De un salto subió a la vereda. Se miro en reflejo de una vidriera. Estaba espantosa, mojada por completo, despeinada como nunca y sin nada de maquillaje. Rió divertida, le encantó como se vio.
Solo se despeinó un poco más, y siguió su camino.
Su mano rozó su mejilla. Luego lo hizo nuevamente intencionalmente. Extrañaba sus caricias, sus besos, su piel su olor.
Voltear en la cama y encontrarlo junto a ella al despertar.
Escuchar su voz, llamándola, diciendo su nombre. Verlo sonreír mientras ella preparaba la cena.
Verlo a los ojos mientras le explicaba como había sido su día.
Le fascinaba como solía explicarle todo con lujos de detalles y como movía sus manos al hacerlo. Como se le hacían hoyuelos en sus mejillas cuando sonreía.
Nada le había costado superar más, por las noches que no tener su cabello rizado para enredarlo entre sus dedos mientras el sueño no acudía a ella.
Ya no había luz del sol. Como deseaba que la lluvia aliviara su alma igual que lograba aliviar el calor de la calle.
Miró el cielo. Parecía que las estrellas saldrían a reclamar su lugar finalmente.
Cuando lo conoció bajo su guardia.
Le pareció tan inocente, un niño en cuerpo de hombre. Un niño que le llenó el alma de ternura y un hombre que lleno su cuerpo de mujer de amor.
Se sonrojó. Recordó esas noches de pasión. Su cuerpo las recordaba bien. Aún no las olvidaba, tenia memoria al igual que su corazón del amor que sintió por él. ¿Sintió? No. Mal expresado. Que su corazón sentía por él.
Apretó con fuerza el puño de su mano. La mano con la que solía caminar sujeta a la de él.
Mano que ahora se encontraba vacía.
Como deseaba no recordar, no sentir.
Una vez alguien le había dicho que valía la pena el todo el dolor a cambio de un poco de amor. “Qué tontería”, había pensado en ese momento. Ahora lo entendía. Sentía demasiado dolor, una angustia enorme en su alma y un gran vacío en su corazón. Pero no lo cambiaria si de eso dependiera el amor que sintió por él.
Las calles parecían vacías, a lo lejos vio como un hombre bajaba corriendo de un auto con un paraguas en la mano, y daba la vuelta para abrir la puerta del acompañante. Una mujer bajo luego de él. La cubrió con el paraguas mientras la abrazaba y la guiaba sobre la vereda para luego entrar a un edificio.
Que bien se sentía ser protegida de esa manera. ¿Cuánto hacia que alguien no la cuidaba asi, con esos detalles? (suspiró) no lo recordaba.
Bajo la mirada. Temió que alguien viera la tristeza que seguramente se reflejaba en ella.
De pronto sintió la necesidad de abrazarse a si misma. Miró nuevamente al cielo, la luna imponía su luz. La noche recién comenzaba y ella sentía que su vida ya había acabado.
Se sintió tonta, él le había devuelto los sueños solo para dejarla sin nada nuevamente. La lleno de ilusiones que luego se desmoronaron, cuentos que luego se transformaron en pesadillas. Hubiera dado la vida entera por él. Y sin embargo…ya no tenía vida y no lo tenía a él.
A veces sentía que no podía recordar como era su rostro. Que por más que hacia un gran esfuerzo no recordaba como era su rostro y menos lograba recordar sus palabras, su voz.
Busco las llaves en su bolso. Las encontró previo revolver todo.
Coloco unas en la cerradura. No eran.
Una salida…eso era lo que necesitaba. Una salida a tanto dolor a tanta soledad.
Busco de nuevo, lo intentó una vez más. Ahora si era la llave correcta. La giro. “si así de fácil fuera cambiar su rumbo o darle sentido a su vida”.
Un día había estado en el paraíso, pero de ahí había sido corrida, brutalmente, como quien se despierta de un bello sueño.
Entro al edificio. El agua que se escurría de su ropa mojaba el suelo que ella pisaba. Así llegó hasta el ascensor, apretó un botón. Apoyo su cabeza en la pared, cerró los ojos, una gota de agua salio de sus ojos recorrió su mejilla y murió junto con otras en el suelo. Pero ésta no era de lluvia.
Aún no sabía si todo lo vivido con él había sido fantasía o realidad.
Salio del ascensor, caminó por el pasillo se paro frente a otra puerta. Tenía el juego de llaves en sus manos, aparto una y la puso en la cerradura. La giró sin mayor problema y abrió la puerta.
Había luz en el departamento, eso le gustaba. Era señal de que alguien la esperaba.
- Mamá, mamá,- gritaba la pequeña voz mientras corría con los brazos extendidos hacia ella.
- Hola bonita…- y se agachaba para alzarla en brazos y darle un beso en su pequeña mejilla…- ¿Qué haces aún despierta?- y la besaba una y otra vez en la mejilla.
- Te esperaba- y la voz sonaba aún más dulce mientras extendía frente a los ojos de la madre un papel con unos garabatos.
- ¿Qué es eso bonita?
- Un dibujo- y era llevada hasta un sillón, mientras explicaba su obra de arte de la que parecía estar sumamente orgullosa.
- ¿Y que dibujaste?- dejaba a la pequeña y comenzaba a quitarse la ropa mojada.
- Mira es papi en el cielo, junto con sus amigos los ángeles. Puso la ropa mojada en una silla, y tomo el papel en sus manos. Algo estrujo su corazón y un nudo se formo en su garganta. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Y estaba segura no era por la lluvia.
- Que bonito Sophia… te felicito mi amor…- y la beso en la frente.- ven, mamá se quita la ropa mojada y te lleva a la cama ¿si?
- Si mamá…
Marisol A
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