Es de noche.
Muy tarde, o demasiado temprano como en todo es según como se mire.
E intentado dormir. Pero hace días que no logro hacerlo. Permanezco en un estado de conciencia o inconciencia que no me permite saber si estoy aún despierta o por fin he logrado conciliar el sueño.
No logro descifrar que es lo que me mantiene de ésta manera. Creí dormía, mi cuerpo estaba inerte y mi mente parecía no razonar.
Todo era oscuro así que supuse, dormía. Pero en un segundo algo llamó mi atención.
Un dolor. No como todos, aunque ¿cómo son todos? Mi mano derecha fue hacia el lado izquierdo de mi pecho. Otra vez estaba ahí. Ese dolor que me ensordece, que no me permite razonar y casi me deja sin respirar. Ahora llegas hasta el omóplato. No hay nadie a quien pedirle socorro. Si estiro mi mano, sé nadie la tomará.
Y la música suena una y otra vez, porque no logro cambiarla. El oxígeno que entra con dificultad en mis pulmones. La habitación comienza a dar vueltas a mí alrededor. No puedo desmayarme. Temo que si cierro los ojos ya no los abriré otra vez. ¿Y quién me recordará?
Hago un esfuerzo por respirar, nunca había notado el silencio tan grande que hay por las noches. Pareciera que todo esta observándome, esperando.
Pero si dejo de respirar… ¿quién por mi llorará?
Mi perro esta en el patio… lo raro es que lo escucho ladrar. ¿Es a él a quien escucho, o mi mente me juega tan malas pasadas? Es él. Creo sabe lo que ocurre en el interior de ésta enorme casa. ¿Por qué es tan grande?- ya lo recuerdo…las hijas que vendrían. Pero que definitivamente ya no vendrán.
Y si me dejo caer…-¿quién me sostendrá?
Y aunque mi mano derecha continúa tocando mi pecho, el dolor en él no cede. Dicen que lo causa una enfermedad. Yo digo que lo causó su ausencia. ¿Pero que médico te diría que a tu corazón lo daño el adiós de un amor?
Válvulas deficientes dicen ellos, “corazón roto” cuando él me dejó digo yo.
Zumban mis oídios, el miedo hace que las lágrimas comiencen a caer por mi mejilla. ¿Es miedo? En realidad no, solo es tristeza. Quisiera tomarlo fuerte de la mano. Verlo a los ojos por ultima vez, besarlo tal vez y decirle “te amo”- mientras la última bocanada de oxigeno se escapa de mí.
Finalmente me dejo caer. De todos modos él no vendrá. Y por lo que dicen…el cielo no espera. Tal vez si cierro mis ojos todo pasará.
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