En ese bosque encantado escucho el murmullo de los árboles que me rodean.
Y entre piñas bañadas y arena adormecida descubro un tesoro. Bajo la brillante luna que un universo alumbra.
Conservo el sonido del viento, su voz es casi imperceptible. Pero lo escucho, dice que no estoy sola, duendes, hadas, ángeles y demonios vienen a mí.
Traen ofrendas.
Pájaros y perfumes. Sonetos que debo escribir y un par de canciones que ellos entonarán.
Logran liberarme de mi mal, cortan invisibles cadenas que impedían a mi alma avanzar.
Descubro, que muy pocos pueden en verdad ver, solo algunos logran escuchar, y casi nadie puede volar. Pero hoy, yo puedo.
Con alas de un soñar, emprendo un viaje que no sé a donde me llevará.
¡Qué mas da!
De todos modos lo debo encontrar. Libre mi alma sabrá en donde reposar.
Espíritu ansioso que quiere el pasado olvidar.
Demonios que no comprenden que sentimiento es “amar”, y como logra en un simple corazón nacer.
Ángeles que no pueden discernir como lo que una vez fue “amor”, se convierte poco a poco en hielo.
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