El viento es constante, irracionable, frío he insondable.
El viento es quien me lleva a tiempos ficticios y batallas de ilusión.
Juega entre sus dedos con el destino que se mece en su cuna cual niño caprichoso que no entiende de razón.
¡Y la razón!...esa maga constante, no consigue distinguir si la realidad es un juego o si juega con la realidad.
Variaciones del destino, nostalgias que se apoderan de nuestro ser.
Y esta noche, aún continuamos sin saber, si amamos lo que tenemos. O si es por que lo tenemos que lo amamos. Y arrojamos la luz al mar, en busca (tal vez) de un trueno que nos despierte.
Se alza del pasado, esos dolores que suelen agobiarnos. Aún así…nos dejamos llevar por el viento.
Deseamos comenzar, sentir, amar, llorar. Una cadena interminable de sensaciones, que éste caminar mitiga. Falsa mímica que nadie sabe interpretar.
Y en el silencio de la noche, bajo la luz de esa farola de la calle. Te observo, tu vista mira un punto, como si la vida se te estuviera escapando, sin que lograras retenerla. Y eso que tanto bien te hacía. No logras hallarlo.
Sueños irrisorios esos donde logras conseguir lo que buscabas y retener eso que tanto amas.
La sangre se apresura a recorrer mis venas, quizá en un segundo ya no haga falta. Por el momento, aguardo, escucho, contemplo, siento. Te espero.
El viento me empuja como una suave nube, cuyo destino se encuentra en tu regazo, y hacia él… me dejo llevar.
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