Los silencios que mis palabras pronuncian son custodiados por el latido de su corazón.
Lo busco, lo encuentro, lo veo, lo percibo.
Como esclavo de una noche interminable, custodio de un alma solitaria.
Esas batallas que en el principio los ángeles ganaban, y los hombres solo imaginaban.
Ahora él, es quien esta en medio de ellas. Peleando por lo que no es, por lo que tal vez no será.
Un corazón, una mujer, un cuerpo, un amor.
Y la pasión que no se mitiga, ni con noches enteras alimentándola. Mudas observadoras las horas que no se detienen. El sonido de espadas, confundidas con lenguas entrelazadas en besos que queman y consumen el aliento, de quienes son participes de un sueño que se vive a través de una fría ventana. Pantallas que consumen el pasado y el presente de lo que hay en ti. De que lo vive en mí. Y saber que el amor, es eterno, mientras dure un suspiro. Comprender que eres quien se halla en medio del infierno, que arde en éste mundo que hemos creado tú y yo. Y sentir que el amor me consume, mientras de pie, pelas por algo que ya no existe.
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