Escucho el sonido de tu voz en las noches oscuras. Llena tu perfume, de paz mi alma.
Despierto necesitando el calor junto a mí, al levantarme te busco, en las plazas y en los rostros de las personas que pasan por las calles. Extiendo las alas que una vez me fueron otorgadas. ¡Temo no poder encontrarte! la confusión nubla mi razón, me elevo en tus recuerdos, y llevo tu corazón en el mío y tu amor en mi piel. Llego a lo mas alto… ¿cuándo te hallaré? ¿Cuándo te harás realidad en mi, o de una vez por fin desaparecerás? me detengo en lo que es la inmensidad de mi estructura, llevándote en mi ser. Nacer para descubrir que no eres real. El axioma de un ente que es dos, cuando en realidad debería ser uno. Sujeto esa ilusión que concluyó y la llevo conmigo, se funde con la luz del sol mientras me extingo poco a poco. Caen las horas, y junto con ellas las plumas que dejan de flotar, se apaga tu música, dejo de escuchar, la melodía que me extasiaba, con la que podía ir mas allá de ésta quimera en la que se ha convertido mi vida. El aire puede envolverme como no logran hacerlo tus brazos, el temor se apodera de mí, invisibles átomos que me hacen existir, dentro de la nada de tus sueños. Necesito escucharte, verte, tocarte, sentirte y hacerte tangible. Escribo tu nombre en la arena intentando poseerte, el viento sopla, llega una ola y desde donde estoy puedo ver como desapareces. Y ahora me quedo vacía. ¡Cómo duele ser nada!
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