La brisa quitaba el cabello que caía sobre sus ojos. Permanecía sentada mirando un punto que al parecer solo ella veía. Las olas llegaban a la orilla y se marchaban sin dejar rastro de su presencia, sin casi permanecer. Respiró profundo…- ¡tal vez no todos nacemos para amar!- dijo en voz alta.
- ¿ah no? – le respondió una voz. Algo que la sobresaltó, no esperaba respuesta, no sabía que había sido escuchada, y menos que estaba siendo observada.
- ¡¿perdón?! – exclamó, sobresaltada, preocupada y un poco molesta por ser interrumpida en sus pensamientos.
- Es que te escuche decir algo en voz alta y puesto que soy el único presente creí que estaba en la obligación de responder…ya sabes por lo de no dejarte hablando sola. – y sonreía.
- Si estoy sola y hablo sola…es que no quiero respuesta… ¿no te parece?
- Ah…me disculpo creí que sí. Pero ya que estamos...- y se sentó sobre la arena, tan cerca que al mirarlo a los ojos no pudo mantenerle la mirada.- te digo, creo que eso no es así.
- ¿Qué eso?
- Lo que dijiste. – y cruzaba sus piernas… ella se sonrió, el hombre se veía muy chistoso intentando sentarse como los niños pequeños, cruzando sus pies uno sobre el otro.
- ¿Y que fue lo que dije? – miraba el mar, por alguna razón no podía mirarlo a los ojos, aunque había notado que eran azules, como el agua que observaba en ese momento.
- Que no todos nacemos para amar. No estoy de acuerdo…- él sí buscaba la mirada de la chica, le molestaba que no lo mirara. ¡Pero claro, era un desconocido que se había inmiscuido en su meditación!.- Todo ser humano nace para ser amado y para amar. Para cuidar y que lo cuiden. Para brindarse y recibir. Necesitamos ser parte de un círculo, que comienza con dos. Luego se agregan los niños, y así aparecen abuelos, tíos. Pero todo comienza, cuando te reconoces en la mirada del otro, cuando sientes que no puedes respirar si te falta “ese” alguien, que por fin te colma. ¿Sabes a lo que me refiero? – y sacudía la arena de sus manos, e intentaba acomodar su cabello que caía sobre sus ojos. – El amor que sientes cuando sabes que has llegado a donde siempre soñaste que pertenecías y no es un lugar, es el nombre que pronuncias cuando le haces el amor, el “te amo”, que le susurras mientras ambos llegan al éxtasis, con un beso, un abrazo, o en la dicha que les inspira el entregarse mutuamente.
Ahora la joven, sí lo observaba, lo hacía en forma fija, segura, como si lo acabara de descubrir.
- ¿Y de que libro sacaste todo eso?... si se puede saber
- De ninguno, es lo que pienso respecto al amor, lo que he aprendido a lo largo de mi vida.
- No parece que hayas vivido mucho.- Y se ponía de pie. – Muy linda la charla. Pero tengo que irme.
- ¡Uy!... ¿Tanto te aburrí?- al levantar la cabeza sus miradas se cruzaron. – Tus ojos son de color café.
- No me aburriste, tengo que irme.- Sintió como un calor recorría su cuerpo y llegaba hasta sus mejillas. La incomodaba un poco como él la observaba, pero al mismo tiempo le gustaba. No quería irse, rogaba para que dijera algo que la hiciera quedarse. - ¿Qué tiene que ver el color de mis ojos con lo que hablabas?
- ¡Nada!...pero como no los había podido ver, tenía curiosidad. ¿Y que tienes que hacer?
- Para empezar, dejar de hablar con desconocidos. – Y entonces sonrió.
- AH…si ese es el problema ya lo resolvemos… ¡Hola…soy Francisco! … y le extendió la mano. Ella no la tomo, ni respondió, solo comenzó a caminar alejándose de él. - ¿De verdad crees que no naciste para amar?
- No…creo que no he nacido para ser amada.- El sol se ocultaba, la brisa ya era un viento que soplaba mas fuerte.
- Eso es una tontería, ya te dije. – Las huellas de ambos continuaban hundiéndose en la arena, el agua aún no llegaba a borrarlas.
- A veces lo tonto es lo que mas duele, y además no me conoces…no podes decir si lo que digo es con razón o no.
- No te conozco es verdad, pero en tus ojos veo, que tengo toda una vida para hacerlo. Y hoy comenzamos nuestro círculo. - Detuvo la marcha, ella también lo hizo, sus miradas se encontraron nuevamente. Esta vez la mujer la mantuvo y hasta pudo notar, como él también se sonrojaba. Sintió mariposas en su estómago, solo le nació sonreír. Cuando Francisco lo hizo, hoyuelos se hicieron en sus mejillas y pudo notar que cuando ella sonreía, mordía su labio inferior. Y emprendieron su marcha nuevamente.
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4 Responses
  1. Anónimo Says:

    bonito colibrí..gracias



  2. Enrique Löpez Pérez Says:

    Pero..........como se puede escribir tan bien. Tienes algún libro publicado?. Eres una maravilla.


  3. MARISOL Says:

    wow...gracias por tus palabras Enrique, y no no tengo ningún libro publicado aunque es mi sueño y me esfuerzo para que el universo se confabule y me lo conceda...gracias de nuevo por tus palabras...


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