¡Estúpida lluvia! –pensó-, siempre aparece cuando en realidad ya no la esperas. Están días diciéndote que lloverá y sales con un ridículo paraguas y cuando por fin dejas de esperar y creer. Comienza a llover…- ¡Ah!- suspiró, casi como la vida misma. Estas gran parte de tu vida, creyendo lo que desde niño te han dicho- “si sueñas con fuerzas, alcanzarás lo que sueñes”- y creces esperando a que todo eso que vas soñando en tu mente y tu corazón se haga realidad, para descubrir que no alcanzarás nada y que tal vez cuando alcances la décima parte de lo que has soñado, no será como en verdad lo imaginaste. Corrió, debía subir al auto cuanto antes, aún hacía calor, la ropa se le pegaba al cuerpo, era insoportable. Necesitaba un cigarrillo pero había decidido dejar de fumar, como siempre una buena decisión en un mal momento. ¡Cuánto deseaba un cigarro! Por fin llegó al estúpido auto. ¿Por qué no lo habría estacionado más cerca? En fin…ya estaba en él. Acomodaba sus cosas (en realidad es un decir) tiraba los papeles y paquetes que llevaba en la mano donde cayeran. Su automóvil era un desastre…-fiel reflejo de su vida- se dijo a si mismo mientras buscaba las llaves en el bolsillo de su pantalón. ¿Cómo sabe uno cuándo avanzar o cuándo detenerse? ¿Cuándo salir de una situación o cuándo permanecer en ella? Alguien lo despertó de sus pensamientos de un bocinazo. Las gotas de agua caían aún en el parabrisas, observó a las personas correr de un lugar a otro tratando de resguardarse. Sonrió…-¿Por qué temerle tanto si solo es un poco de lluvia? Se entretuvo viendo lo rápido que podían cruzar la calle algunos y como otros gritaban insultando a los automovilistas impiadosos que los salpicaban al pasar. Esa había sido su primera sonrisa en días. Se sacudió un poco el cabello, de ese modo lo peinaría a un estilo moderno (llamado "no tengo peine") y además se secaría un poco. Colocó las llaves por fin en su sitio y encendió el motor. No tenía apuro en llegar a su destino. Nadie lo esperaba ya. Nuevamente dijo esa frase que tanto le gustaba, “buena decisión en mal momento”. Conducir por las calles de la ciudad en días como éste era el doble de tortuoso. Los bocinazos sonaban por todas partes, al parecer a todos los ponía de mal humor. Llegó hasta su restaurante, nuevamente detuvo la marcha. Miró por la ventanilla durante un momento. “Después de tantos años de trabajo eso era todo lo que le quedaba”. Nuevamente los pensamientos fastidiosos que lo llenaban de impotencia. No era ni por asomo lo que había soñado para él en su juventud. “Malas decisiones y malos momentos”- Demasiados- se dijo en voz alta. Mientras buscaba en la guantera.-Ni un maldito cigarro- refunfuñó. Por fin el agua parecía haber dejado de caer. Eso lo animo a salir del coche y por fin dirigirse hacia el negocio. De joven había soñado con ser artista. Se bajaba del auto, mientras acomodaba sus pensamientos (no era que fueran muchos pero si le gustaba que estuvieran en orden, al menos en su cabeza). Cerró la puerta con llave, apoyó su espalda en él esperando que nadie pasara y poder cruzar tranquilo. Levantó la cabeza, ahora deseaba sentir alguna gota en su cara, pero ya no caían. Tarde de nuevo. Conoció a esa mujer y se quedó sin sueños, sin arte y con el tiempo sin nada. No se había enamorado de ella en cuanto la vio, ni siquiera estaba enamorado cuando se casó. Fue solo sexo y la necesidad de sentir que era importante para alguien. El que ella quedara embarazada había modificado sus planes. No estudios, no sueños, no artista. No se arrepentía. Sus hijos eran lo mejor de sí mismo. Solo había sido con la madre equivocada. O tal vez lo había sido el padre. ¿Quién sabe? comenzó a correr hasta llegar a la otra vereda. Entró sacudiéndose la ropa, no había comensales, pero sí estaba el personal. – Hola- Lo saludó la encargada del lugar y de inmediato lo arrolló de cosas que había que hacer y con muchas otras de las que él debía encargarse ya que a nadie le salían bien. La detuvo en seco- Dame un momento, voy a mi oficina, me cambio de ropa y regreso.



– Está bien- respondió la empleada con voz de resignación.



En cuanto entró a su santuario, cerró la puerta tras de sí. Cerró los ojos y respiró profundo. El divorcio no había sido fácil… sentirse estafado en todos los sentidos, engañado y traicionado habían minado su autoestima. Muchos fueron los años con aquella mujer, no todos fueron malos y con el tiempo aprendió a amarla. Se sirvió un café. Y salió a enfrentar su destino. La máquina de palabras dichas por segundo no estaba a la vista.- ¡Qué alivio!-se dijo mientras sonreía. Los meses se le vinieron encima, luego los años. Intentó un par de relaciones pero nada trascendental. No estaba dispuesto a renunciar a una pasión a un verdadero amor. Sonó cursi hasta para él. Pero en realidad es lo único que le daba fuerzas para continuar. La esperanza de que hubiera alguien para él, en alguna parte del mundo. Y ésta vez, quería esperar hasta estar seguro. Por lo mismo no comprendió por qué aceptó que su hermana le organizara una cita a ciegas. Era un idea ridícula, pero había dicho “sí”. Esperó a la desconocida algunos minutos bajo la lluvia, solo para que lo dejaran plantado. Debía ser una irresponsable y desalmada mujer como todas las que había conocido en su vida. Así que solo se subió a su coche y ahora se encontraba sentado bebiendo un café junto a una ventana. Tan solo como cuando se había despertado en la mañana. Y dispuesto a entablar una larga charla con su hermana para que no intentara organizarle la vida nuevamente. El restaurante no estaba abierto al público por reformas, pero de vez en cuando permitían tomar un trago a los cliente asiduos al lugar por lo que dejaban la puerta abierta. La persona que acababa de entrar, no era cliente frecuente por lo que se disponía a decirle que se retirara. Aunque le gustó observarla por un momento. Estaba empapada de la cabeza a los pies. Sí que se había mojado. Y se sonrió en forma burlona al pensar en esto. Su cabello se encontraba despeinado, su cara húmeda, su camisa arrugada. Se notaba que había tenido un mal día. Buscaba algo en su bolso con tanto énfasis que no noto la presencia del hombre y menos cómo él la observaba. Levantó la vista, y por fin lo vio. Él se sintió sonrojarse, al ver que ella se aproximaba hasta donde se encontraba. Trató de disimular, bebió un sorbo de café y se puso a ver por la ventana. Nada en especial, se sentía nervioso y necesitaba hacer algo que lo ayudara a tener el control de sí mismo.





- ¡Hola!... ¿Qué tal?- saludó la mujer muy tranquila y relajada, mientras tomaba asiento frente al hombre. – Disculpa que me siente- y continuaba buscando algo con desesperación.- Perdí mi teléfono, no logro encontrarlo. Lo único que le faltaba a éste día horrendo.- Y hablaba con total confianza, mientras revolvía buscando, sin mirarlo a los ojos. - ¿Te ha pasado?...- preguntó por fin levantando la vista.- sabes a que me refiero ¿no?... esos días en donde te decís… ¿¡POR QUÉ SALI DE LA CAMA!?- y puso tanto énfasis en su oración que él no pudo evitar sonreírse. Ella también sonrió. – Me alegro que te dé risa… un idiota me dejó plantada bajo la lluvia, yo esperando como tonta, solo por que mi amiga dijo que era un buen hombre, que le gusta el cine y las películas. No sé, - (y suspiró)- pensé que tal vez podría ser el correcto.-Y miró hacia la barra- Creo que no vendrán a atenderme. Él permanecía callado, solo la observaba. Observaba cómo le caía el cabello sobre el rostro, cómo lo miraba fijo cuando le hablaba, lo segura que se la escuchaba su voz y lo triste que parecía su mirada.- ¡Qué mirada tan triste tienes!-. Le dijo ella interrumpiendo sus pensamientos.





- Pensaba lo mismo de tu forma de mirar.- Respondió al lograr hablar. Por un momento ambos se quedaron en silencio. Ella dejó de buscar y se quedó viéndolo. Estiró su mano hacia él. - ¡Hola!…me llamo Vanesa.





- ¡Hola!... soy José- dijo mientras sujetaba su mano. - ¿Y quién fue tan tonto de dejarte plantada?-





- Alguien que una amiga se empeño en querer que conociera. Pero no fue.- Ahora la nerviosa parecía ella. Miraba para todos lados, recién se percataba que el restaurante estaba sin gente.





- ¡Qué bueno!-dijo mientras sonreía.





- ¿Bueno? …no sé, tal vez, pero me hubiera gustado que me avisara que no iría, así no lo hubiese esperado mojándome de pies a cabeza, perdiendo toda la mañana y hasta mi teléfono.





- Para mi es muy bueno, si lo hubieras conocido estarías con él y no con migo. – No podía creer haber dicho esas palabras… “seguro se levanta y se va”… pensó.





- ¿Y esas frases te resultan con las chicas?- sonreía- le había parecido muy gracioso, necesitaba relajarse y olvidar un poco los malos momentos…todos sus malos momentos ...desde... ya había olvidado desde hacía cuánto tiempo, no estaba relajada y tranquila con alguien… como lo estaba ahora.





- No lo creas. También me han dejado plantado. Ni siquiera he tenido la oportunidad de decir mi mejor repertorio.





- Bueno… si me invitas un café te daré la oportunidad de que lo digas.





Una puerta doble se abrió…y una mujer se apreció.





- ¡AH!- decía mientras se acercaba a la mesa sonriendo.- ¿Aquí se encuentran? … estaba segura que se entenderían.





- Perdí mi móvil, por eso no pude llamarte para decirte que el tonto de tu hermano me dejó plantada. Encima llovía a cántaros, mira como estoy.- La chica se había puesto de pie, frente a la recién llegada y nuevamente hablaba distraída del mundo a su alrededor.





- ¿Cómo que te dejó plantada?





- Sí lo que te digo nunca fue.





- Ella me dejó plantado a mi.- dijo el hombre sin levantar mucho la voz, de pie detrás de ambas mujeres que en un momento hablaban al unísono.





- ¿Conoces a mi hermana?





Por fin ella lo escuchó - ¿Tu hermana?





- Él es mi hermano. De quien te hable.





- Ella me dejo plantado… Él me dejó plantada.- sonaron las voces a dúo.





- No entiendo nada, si ambos se dejaron plantados. ¿Cómo es que están juntos?





Ahora los tres permanecían en silencio.





- ¡Coincidencia!- se escucho la voz masculina que pareció hacer eco en el amplio lugar vacío.





- Tome una buena decisión, en un buen momento.- dijo ella.





Y al parecer algo resonó dentro del hombre.





- Bueno... como sea ya están aquí…diré que les traigan un café para cada uno, así se conocen, verán que tienen mucho en común.- Y sin decir más... la tercera en discordia se retiró…segundos más tarde llegaron los cafés. La lluvia desapareció por completo. Las bocinas de los coches ya no sonaban como si se acabara el mundo y las personas caminaban en lugar de correr. Todo era normal.





- Y bueno…





- ¿Bueno qué?





- No estabas por decirme tu repertorio…





Ambos subieron sus tazas y bebieron.





- ¿ Así que es uno de esos días en donde no debiste salir de la cama?-





- ¿Cuál… éste? …¡No!...nada que ver, éste ha sido perfecto.





- Que bueno, también para mí.





1 Response
  1. Francisco Hervás Says:

    Es verdaderamente genial...como todo lo que escribes...te felicito!!


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