A lo largo de nuestras vidas avanzamos por mundos alternos que nos van mostrando verdades sub-realistas… si decidimos aceptarlas o no, es cosa de cada quien. Lo cierto es, que a veces nos revelamos contra eso que no entendemos o no logramos razonar. Se presentan ante nuestros ojos como visiones tan claras como el agua, aún así, no las comprendemos, no llegamos a descifrar su significado. Sentimos el calor en nuestros rostros y creemos entender que por fin, luego de una obscura noche, el sol decidió regalarnos su presencia.



Cuando miro al espejo, sé quien soy, aunque no me reconozco en él. Mi alma se apoderó de un mundo, en el que mi cuerpo se negó a entrar.



Tal vez tengas mucho por pensar y lo logras cuando suspiras. Escuchamos a lo lejos cataratas de risas y pensamientos ajenos a nuestras vidas.



Es cuando descubro, que en una mirada me pierdo, en una sonrisa nazco y en un silencio no sé quien soy. Aún te recuerdo, cada vez eres más diferente como si fueras un eco de nada, distante como el viento e insujetable como el mar. Juego a convertirme en parte de tu vida, me descubro siendo nube y alejándome de ti. Y ya no logras alcanzarme y muero en una de tus lágrimas.



Somos sin darnos cuenta, la flor que nace sin ser descubierta, la hierba que alguien desprecia y la ola que nadie sabe disfrutar. Tenemos fantasías tan peligrosas que tornan la realidad un infierno. Creemos ser sofisticados, supuestamente civilizados, pero el raciocinio se desvanece en la historia del tiempo, cuando de amar y ser feliz se trata.



¿Qué buscamos durante la vida entera? ¿Qué hallamos? ¿Es suficiente?



Por mi parte, aún continúo buscando, porque cada noche aparece una nueva esperanza y un nuevo sol por la mañana. Deseo tenerte en mi vida y descubrir así si he alcanzado lo que tanto he buscado.

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