En el umbral de la noche, junto a la fuente de la vida. Se encontraba.


Escudriñaba en sus pensamientos, si era su vida un capricho del destino, un camino mal trazado…o solo un conjunto de meras coincidencias.


“Opciones”. Pensó. Las diferentes opciones que había tenido en la vida, las que había escogido y aquellas (que sin saber que resultado le darían) dejó pasar.



En fin. (Suspiró en voz alta) Lo hecho, hecho está. “¡Gran frase!” se dijo. Jamás mejor empleada.



En éste momento le resultaba paradójico, que habiendo deseado aislarse del mundo se adentró más a él. Y deseando no lastimar a nadie, al parecer era lo que más había conseguido hacer.



Con la dicha de hallarlo, llegó la agonía de un error. Con la pasión de un beso, el reproche de un adiós.



La noche avanzaba. ¡¿Por qué así de serena no continuaba su vida?!



Pensamientos mal sanos de un ser que solo hiere. Y deseos de una piel que en forma mezquina siente y desea. Miradas profundas en las que deseaba hundirse. Voces cálidas que ahuyentaban de su mente los demonios que la atormentaban incesantemente.



Ni el día es eterno, ni perpetúa la noche. No se obtiene lo que se quiere, tan solo por desearlo.



El frío calaba sus huesos. Y el cuerpo inerte poco a poco apagaba la luz de su esencia. No se movería, no correría a buscar ayuda. Desaparecería con la niebla de la mañana y dejaría de existir su ser. Prefería el silencio de lo eterno, de eso que nadie sabe con certeza si hay o no, al cerrar el telón de la vida. Se arriesgaría, a arrojarse a los brazos de la nada en lugar de permanecer en la ausencia de su presencia. Infinitas imágenes venían a su mente, que calaban hondo en su corazón y hacían que naciera una lágrima más. El dolor desgarraba lo que sentía como su alma y la herida en su cuerpo apagaba su respiración. “Una inhalación mas”. Pensaba. Y será la última.



Al salir el sol, la hallaron. Un cuerpo frío, una lágrima de cristal en su rostro, un libro en su mano y de él, una rosa que se dejó caer.










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