Acaban las sombras de recorrer el río. Simulan que navegan veo que lo hacen sin rumbo, sin brújula. Tal como lo hago yo.

Fingen las nubes llevar agua a las tierras secas, vacías de pasión. Tal como deseo que mis lágrimas den vida a mi alma. Esencia infértil, colmada como el sol.

Las letras que se ahogan en ese torrente que no permite a mi sombra navegar, sueñan con el cielo que las abriga, donde vive su espíritu.

¿Espíritu?

Hálito que vive, combate, sueña, crea. Existe.

Los recuerdos encadenados en mi mente. Recuerdos de esos besos que los labios marchitos ya no darán. ¡Amar! Lo que mi corazón ya no hará.

Las fantasías que recorren el universo, y él que ya no es mío.

¿Puede el abismo pertenecerle a la rivera?

Los colores en las paredes de mi habitación, se mezclan, dibujan en ellas estrellas y una luna que me pueda amparar. La humedad intenta rechazar tal irrealidad. Se vuelve violenta la tempestad. Me queda un día, solo uno para seducir.

No logro hoy pensar, razonar.

Solo una pena logra a la orilla llegar. Ya no seré lo que fui. No seré su otra mitad, ni la sombra que camina junto a la suya.

No le preguntaré -¿me amas?

Sé que su respuesta es…

Mejor continúo navegando, buscando, esperando.

No habrá nebulosas que discernir, ni luz que sepa iluminar.

No hay sombras en el barco aquel. Ya no.

Las locuras envueltas en una suave brisa, me sepan tal vez guiar. ¡Lo busqué tantos amaneceres, lo esperé tantas primaveras! Y llega en mi invierno, se marcha para dejarme en la noche más oscura, fría y solitaria.

No habrá nada que pueda mi mano ofrecerle, nada que dese su corazón.

Rechazará su mirada la mía. No buscará enamorarme. Solo continuar un viaje que comenzó solo.

Y sola lo terminaré.

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