Él caminaba solo.
Y ella junto a él.
Ella avanzaba tomada de su mano, y él maldecía su soledad.
Ella era feliz por haberlo hallado y él lloraba por no tener a quien amar.
Ella buscó su mirada, rojos sus labios lo quisieron besar, sus manos temblorosas el cuerpo de su amor deseaban acariciar.
Él continuó su camino sin mirar atrás, algo en ese momento perdió; buscó sin volverlo a encontrar.
“No sería nada” pensó y dando un paso tras otro, junto a su soledad entre la bruma desapareció.
Ella inmóvil se quedó.
Y en un instante su mano fría alguien más tomó.
Besó su boca, acarició su piel y junto a ella por el camino avanzó.


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