Soy de la alondra su voz, del duraznero su flor y del mar su sal.
Soy el suspiro del amor, la sonrisa del soñador y el veneno que genera la música. 
Soy del verso su rima, de la guitarra su armonía y de la mañana el rocío. 
Me convierto en el deseo de la estrella mientras cae, en la lágrima del dolor y en la nostalgia que quedo.
Fui un nombre sin letras, una pasión que no duró, un día que no llegó.
Soy lo que se deja de amar, lo que es fácil de arrancar, eso que se marchita sin regar. 
El olvido con el que no se luchó, un silencio, una distancia sin recorrer, soy por lo que no vale la pena llorar... nada especial.
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