Estrepitosas pasaban las horas en penumbras de ese antiguo reloj. 
Mientras la sombra del patio vacío lloraba la ausencia de un viejo amor.
¿Sabemos acaso comprender el desdén en los párrafos de esas hojas amarillas que hablan de dolor?
Libros marchitos de palabras y razón. 
Conciencias dormidas y oscuras esperanzas de lo que en realidad es hoy.
No comprendió mi presencia pero tampoco mi adiós.
Lo que se ama se suelta, se librea, se deja en el aire flotar y en el mar ahogar.
Puede que sea el momento de quitarse las hordas de marcas que queman, el corazón.
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