Hoy caminaré nuevamente a tu lado, cargándote en una de mis manos, (sabes lo fuerte que soy) puede parecer una acción fácil, pero cuando caminas solo durante años,  muchos años atrás te das cuenta que no lo es. Dicen algunos que cargar lastima los sentimientos (de quien se deja cargar) y los vuelve, de alguna manera, dependientes para futuras caminatas.
Pues bien, no creo que este sea el caso, tienes un peso físico, (evidentemente muy ligero) pero tu  gran peso suele ser sino intelectual. Así que quien termina convirtiéndose en dependiente suele ser quien esto escribe.
Cuando llegue a la cima contigo, veremos allá abajo la ciudad, me reconfortará pensar que me hago un bien, es tan reconfortante observar la ciudad de luces titilantes; tanto como, seguramente lo es, para ti.
Algunos dirán que es una perdida. Para mí significa una excelente oportunidad para las ideas. Hay en mi historia una larga lista tardes y noches de observación lejana, que han sugerido comprar, consumir, dejar de pensar, dejar de dejar. Claro, nadie me obliga, eso depende de mí, tengo conciencia de ello; pero soy tan débil.
Estar allí contigo es un acto liberante, puedo sentir inmediatamente mi pensamiento más ligero, (pienso: tendré más tiempo para escribir estas cartas, escribir algún réquiem). Al ver desde allí a tu lado puedo ver un imperio derrumbado, uno creado para los débiles. Ya puedo oler sus pérdidas. Y, de pronto una idea me asalta ¡y qué hay contigo!, ¿Qué piensas cuando estás conmigo?

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