“La vida es una joda”- decía mi viejo. ¡Pobre viejo! Se levantaba todos los días a las cuatro y media de la mañana y caminaba diez cuadras hasta la terminal del bondi para agarrar asiento (y viajar las dos horas que tardaba en llegar hasta el centro) sentado.
-¡Tenes que estudiar pibe!- Decía mientras tragaba un pedazo de pan y tomaba un par de mates antes de salir.- Si no estudias no vas a ser nadie en la vida.
-¡Si viejo!- Le decía yo entre dientes. Si hasta la maestra, que era una tucumana que apenas levantaba la voz, me decía, “hay que aprender a leer chango”. ¡Que sabrá esta! Pensaba yo en ese momento. Es que un pibe a esa edad se cree que se las sabe todas y cuando vas creciendo te das cuenta que no sabías nada. Por lo menos el viejo no me vio abandonar la escuela. ¡Pucha! De solo recordarlo me dan ganas de lagrimear. Un buen día el viejo estiró la pata. “Le falló el bobo” le dijo un compañero de laburo a mi vieja, que en ese momento envejeció diez años. La vida parecía una joda, nosotros que nunca habíamos tenido nada ahora teníamos menos.
Es un día raro hoy, ni sé porque me acuerdo de todo eso. Después me di el gusto y deje de estudiar, pero ahora tenía la excusa de tener que ayudar a mi vieja a darle de morfar a mis hermanos. Comencé a laburar con vecino que tenía un puesto en la feria. No me pagaba mucho, pero no faltaba fruta ni verdura en casa y con eso, la vieja se hacía tremendos guisos. Al crecer tuve suerte y conseguí entrar en una de esas fábricas en donde hasta las vacaciones te pagan. ¡No lo podíamos creer en casa! Lo primero que hice fue decirle a la vieja que no trabajara más. Estaba cansado de verla limpiar la mugre ajena. Pero el gusto no nos duró mucho, un año después el dueño vendió la fábrica y nos rajaron a todos. Con lo que nos pagaron la vieja acomodó un poco la casa y me hice una pieza para mí solo. Y otra vez a remarla. Desde entonces no había tenido nada fijo, todo era para zafar, pero estaba podrido de zafar.
Tenía un hambre que me moría. Pero no quería  pedirle a la vieja, ella y mi hermano hacían de todo para poder morfar y a mi me daba vergüenza no poder ayudarlos. ¡Mi hermano! Ese sí era vivo. Había terminado la escuela, sabía leer, escribir, sumar, restar y hasta hablaba con palabras difíciles. Consiguió laburo en una tienda, al dueño le cayó bien y lo tomó en seguida. ¡Por lo menos él ayudaba a la vieja!
Salí de la pieza y enfile para lo del Juan, me debía unos mangos y quería ver si me podía tirar algo. ¡Pobre Juan estaba peor que yo! Vivía en un rancho que cuando soplaba mucho el viento se le volaban las chapas del techo. No era mal tipo, si necesitaba que alguien me diera una mano, Juan siempre estaba al pie del cañón.
Enfile para su rancho, no eran muchas cuadras pero hacía un frío que daba calambre y mi campera tenía mas agujeros que un colador. Pero quería conseguir algo de guita temprano para darle a la vieja así se cocinaba algo.
-¡Pasa pibe no te quedes ahí parado que te vas a congelar! Estaba preparando unos mates y unas tortas fritas.
El rancho de Juan era de una sola pieza, en una parte estaba su cama al lado un ropero viejo al que le faltaban las puertas, en el centro una mesa que se movía si te apoyabas en ella y cuatro sillas despintadas. La cocina estaba del otro lado de la pieza justo enfrente de la cama. Tenía masa para las tortas fritas lista sobre la mesa. La pava caliente junto al mate y un poco de yerba en un vaso. El mate dulce es un lujo que no se podía dar, así que tocaba cebar amargo.- ¡Que bueno que viniste pibe! estaba por ir para lo de tu vieja. Conseguí laburo y te tengo tu plata. ¡Fuah! En cuanto dijo eso sentí como el corazón comenzó a latirme a mil por hora. –Se me fue la piba. ¿Viste?- Siguió diciendo sin darse cuánta de lo feliz que me había puesto. La piba era la mina que había vivido con él como seis meses, y claro que sabía, pero me hice el desentendido, para no hacerlo sentir mal.-¡Pobre piba! No aguantó más. Las minas son así, pero no la culpo. Consiguió un buen laburo en la casa de una familia media cheta, que la tratan bien. Ni mosqueo cuando me dejó más solo que una rata-
Me sentía como un salame sentado ahí sin saber que decir. ¡Que le iba a decir yo, si en mi vida había salido con una piba más de cuatro meses! Pero bueh… como decía el viejo “la vida es una joda” y los que no tenemos mucho que ofrecer tampoco podemos exigir demasiado.-Como te dije conseguí laburo, - Continuó diciendo sin dar muchas vueltas -es como peón de albañil, nada rebuscado, pero te pagan bien y hay para laburar como un año. El capataz andaba diciendo que necesitaba más gente así que le hable de vos y dijo que si eras cumplidor no había problema. Me la jugué entera por vos, así que dijo que el lunes podes empezar.
-¡Me estas jodiendo! Más bien que voy el lunes. ¡No sabes la mano que me das con esto!- Sabía que el día de hoy sería bueno, pero no creí que tanto. Después de los amargos y las tortas fritas enfile para mi casa. Ahora que tenía unos mangos para darle a la vieja, podía pedirle que se hiciera uno de sus guisos.
Fue llegar y darle la guita, se puso contenta y en seguida se fue a comprar las cosas para cocinar.
El guiso estaba para chuparse los dedos, mi hermano Andrés estaba laburando pero le guardamos morfi y con Hugo hablamos del cole, hasta se veía feliz la vieja.
Como suelen decir “panza llena corazón contento”, así que decidí dar una vuelta, me fui pateando hasta una plaza, la única en el barrio que no esta llena de mugre y chorros. Ya no iba a zafar. Me llenaba la cabezas de pensamientos por fin podríamos pagar las cuentas. ¡Si hasta parecía que le debíamos a cada santo una vela!
Ni cuenta me di de lo que estaba pasando, solo miraba para el cielo y me sentía feliz. Me pareció que por fin había un tiro para la justicia y ahora sí nos iría bien.
Alguien comenzó a gritar y vi que la gente corría para todos lados gritando y pidiendo que llamaran a la policía. El frío nuevamente calaba mis huesos, no podía pedir mucho con la campera toda remendada. No me interesó ver lo que todos hacían, tenía mucho que pensar. Un tipo comenzó a chamuyarme, pero no le di mucha bola. Me preguntó como me llamaba. ¿Qué le importará a este?-Roberto- Dije despacio. Tenía sueño quería dormir, pude notar que estaban a mi alrededor, las minas se tapaban la boca y los tipos se agarraban la cabeza. Fue cuando lo supe -¡que garrón loco!- Dijo un flaco que estaba parado junto a mi- ¡se hizo bolsa contra el camión!- “Y si”…pensé…”la vida es una joda”. Me subieron a la ambulancia y tenía tanto frío y sueño, que dejé de hablar conmigo mismo y comencé a hablar con el viejo. ¡Al final, era el único que estaba conmigo!
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