Guardo celosa junto a mí,
todo un tesoro inefable.
Un viejo libro,

cuyas hojas amarillas y gastadas,
delatan sus años y su uso,
es único, maravilloso,
escrito por quien fue y es,
mi gran amor, un gran poeta, un gran soñador.
Luego tengo también

(déjenme ver bien)
dos anillos de madera
que un singular luthier,
para mí realizó.
Algunas cajitas,

unas de lata y otras de madera
que también él me obsequió.
Conservo además
una pluma antigua y un viejo tintero
que por años sin saberlo,
para mí, él guardó.
Lo más preciado

(aunque no de diferente valor),
son sus suaves besos,
besos dulces y cálidos,
que mi boca,
con recelo, para siempre conservará.
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